Violencia doméstica en primera persona

Violencia doméstica en primera persona

Mi vida matrimonial era un caos.* De todos los días de la semana solo estaba bien uno, cuando íbamos a visitar a mis suegros. Hice lo imposible para salvar mi matrimonio: traté de hablar con él, hice terapia, consulté al rabino. La situación se ponía cada vez más tensa, hasta que el rabino me recomendó llamar a Shalom Bait. Me costó mucho tomar la decisión, ¿pero que podía perder? ¿Más de lo que ya había perdido? ¡Tenía miedo! Decidí hacerlo sola sin contarle a mi marido, para que no me traiga problemas.

La primera vez que llamé, hace siete años, sentí que sabían de lo que les estaba hablando. Luego asistí a la primera reunión. Cuando llegué al lugar tenía miedo y me sentía muy débil. Ahora me doy cuenta de que no tenía autoestima, dignidad ni fuerzas, me sentía vacía. ¿Cómo podía vivir así? El lugar era simple, frío, tal vez porque yo me sentía así, apagada. Subí las escaleras y vi carteles de violencia familiar. Me sentía rara, pensaba: “Esto no es para mí”. Mientras esperaba que me atiendan leí un afiche que decía que la mujer lloraba todas las noches. Hasta ese día no creí que vivía con un hombre violento.

Una sola vez le conté a una conocida que él me había golpeado, pero su respuesta dilató la separación. Me dijo: “Hay mujeres que provocan a los maridos”. No la culpo, pero entendí que para temas delicados existen profesionales que estudiaron y se especializaron para afrontarlos.

Para salir de una situación de violencia familiar no solo se necesitan fuerzas. Es necesario contar con un equipo que te de herramientas y te demuestre que se puede, que tenemos derecho a vivir con dignidad, que nuestros hijos se merecen vivir en un hogar sin violencia, que si viven con maltrato aprenden a comportarse así y no podemos ser cómplices de esto, ni de que acepten la violencia en sus futuros hogares.

La violencia doméstica, por lo que aprendí en los grupos de Shalom Bait, abarca situaciones similares: maridos inestables, controladores, psicópatas, maltratadores, te alejan de tus amigos, de tu familia. Si es por ellos te dejan solas en la casa y sin vida, o con vida pero sin poder vivirla. Casi siempre está acompañada de violencia psicológica (que es dura porque al no dejar moretones, cuesta aún más ver la gravedad) y violencia económica.

Hoy puedo agradecer con alegría al equipo que me ayudó a salvar mi vida y la de mis hijos. Si viviste algo parecido a lo mío, ¡contalo! Y si pensás que necesitas ayuda, llamá a Shalom Bait, aunque sea para empezar a juntar herramientas para el día que tomes una decisión. ¡No se puede vivir así! La vida es más linda, merecés buen trato, que te digan cosas hermosas. ¡Sos una reina, no una víctima!

* Resguardamos la identidad de la mujer que compartió su experiencia en el blog.

Shalom Bait es una organización de la sociedad civil creada en el año 2003 en el marco de la comunidad judía, con el compromiso de defender el derecho que todas las personas tenemos a vivir en un hogar sin violencia.

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