“Hasta que hice la denuncia fue intolerable”

Voy a remontarme muy para atrás. Una se va olvidando de las cosas a medida que las va superando. Estuve cuatro años de novia y once casada. Tuvimos dos hijas, una biológica y una adoptada. Había situaciones de violencia psicológica pero yo no me daba cuenta. Hasta ese momento creía que todo se podía hablar para llegar a un acuerdo. Decidimos divorciarnos y él se puso más pesado. Cuando fuimos a ver a la abogada mediadora, en noviembre, él mintió descaradamente, dijo que nunca habíamos hablado de divorciarnos. En ese momento se me cayó la realidad encima y me dio un ataque de nervios. Lo único que decía era “sáquenmelo de la casa”.

Era imposible convivir con él, era un taladro que me torturaba todo el tiempo. Me decía cosas por lo bajo y cuando yo explotaba me decía: “Ves que sos una loca, estás mal.” Ante cualquier cosa que yo le decía, él respondía: “Si no te gusta, andate”.

Él era el sostén del hogar, yo trabajaba poco y nada. Yo compraba la comida y él pagaba lo demás. Quince días después de la mediación por divorcio él se quedó sin trabajo. Hacía varios años que trabajaba en esa empresa por lo que era muy raro que lo hubieran despedido. Me sacó las tarjetas bancarias y nos dejó de pasar plata. Las chicas se sentaban a desayunar y no tenían nada porque se lo había comido él. Sofía tenía problemas de salud y él dejó de pagar la obra social. Un día pasó por al lado mío y me pegó un empujón. Estábamos todos, todo el día en casa. Fue incrementando la intensidad de sus reacciones. Hasta que yo hice la denuncia, fue intolerable.

La mediadora me dijo que tenía que hacer la denuncia en la Oficina de Violencia Doméstica. No quería poner a mis hijas en el medio de una situación así. “Ya están en medio de una situación así”, me dijo la abogada. Llegué a la OVD y pasé a un escritorio donde me preguntaron por qué iba a hacer la denuncia. Luego esperé cinco o seis horas a que me tomen testimonio. En ese momento escuché a mujeres contando historias terribles y vi chicos golpeados, por lo que pensé que no me iban a creer. El equipo interdisciplinario estaba conformado por una trabajadora social, una abogada y una psicóloga. Primero me preguntaron qué hecho me había llevado a hacer la denuncia, y luego sus preguntas iban desde el presente al pasado. Por último me preguntaron qué era lo que yo quería. Pedí la exclusión. Ellos consideraron que la situación era más complicada de lo que yo pensaba e insistieron en que exija una restricción de acercamiento que se extienda a las niñas. En ese momento no me pareció necesario.

Al otro día, a las 7.30 am llegué nuevamente a la OVD y me enviaron al juzgado que había salido sorteado para tomar mi caso. Ellos me dieron la exclusión y restricción de acercamiento por tres o cuatro meses. Me pidieron reiteradas veces que lo haga extensivo a las chicas y no quise. De allí me fui a la comisaría más cercana a mi casa para presentar la orden de exclusión. Me acompañó mi hermana. Me aseguré de que las niñas no estuvieran en casa. Llamé por teléfono al hermano de mi ex marido para avisarle que había hecho la denuncia y que iban a ir a la casa a notificarlo; le sugerí que lo acompañe. Me parecía muy feo que viva una situación así solo. Al rato llegó mi ex marido con el hermano y se llevaron todo. Finalmente vino el comisario a notificarlo y él no opuso resistencia.

Después de un tiempo me derivaron a otro juzgado el cual generó un régimen provisorio de visitas y alimentos. Los primeros tres meses los cumplió, las llevaba al colegio todos los días, las veía dos tardes por semana y los fines de semana. Después dejó de cumplir y comenzó a torturarme a través de otras personas.
Ahora son las chicas las que no tienen tantas ganas de verlo. La de 12 años tiene otros programas, tiene que estudiar o prefiere seguir durmiendo. A la más chiquita de 8 se le hace muy largo todo el domingo con él. Ambas sienten que no pueden contar con el padre.

Fue un año muy difícil, creo que sobreviví gracias a Shalom Bait. En la OVD me recomendaron que vaya. Allí me cambió la cabeza. Si bien el grupo de chicas va rotando, vas conociendo gente y armando relaciones personales que trascienden al grupo.

Trabajando mucho el tema de él, de mi familia y mío cambiaron muchas cosas en mi casa y en mi historia familiar. Mi hermano también es de decir cualquier barbaridad y mi mamá también. Yo no dejo que lo hagan en frente de mis hijas. Las nenas saben que vengo a Shalom. Muchas veces me preguntan por qué no hay algo así para chicos. Al principio me decían: “Vos no querés que veamos a papá, no nos queres abrir la puerta cuando viene”. En los grupos me enseñaron que no tengo que exponerme con ellas, sino decir, por ejemplo: “Es la jueza la que dijo tal cosa”. Muchas veces tengo que hacer un esfuerzo para no hacer lo que me sale hacer, para no reaccionar y pensar como antes. Las personas somos muy de costumbre y modificar las cosas no es fácil, sobre todo cuando vas con la rutina en automático. Lo que más me mueve a hacer las cosas de manera diferente son las chicas. Está bueno poder darle la posibilidad a ellas de que no acepten lo que no les hace bien.

Al principio la separación fue un alivio enorme. Después fue súper triste asumir la realidad. De pronto estás sola con todo y es mucho. Tenía deudas, un trabajo de mediodía, él, que me acosaba a través de otras personas. Es difícil sobrellevar que para salir adelante necesitas la ayuda de otros. Mi familia me apoyó un montón con la separación. Me acompañaban desde donde podían. Trataban de que vaya a reuniones familiares y yo no quería, solo quería quedarme en casa llorando para procesar las cosas. Estaba agotada emocional y físicamente. Tenía que elaborar el duelo que no fue lo que yo esperaba. Me llevó dos años estar bien. Intento vivir el momento. Hay altas y bajas emocionales.

En Shalom Bait me ayudaron a procesar y acomodar cada cosa en su lugar. De pronto cambió el paradigma de mi vida. En los grupos tratamos de apoyarnos y apuntalarnos entre nosotras. Si una se cae tratamos de sostenerla. Me parece que la violencia está tan instalada en la sociedad y también en mi familia que si yo no vengo no sé si lo podría sostener tan bien. Me propongo tener continuidad en esto. Muchas veces me he ido llorando porque sentía que me maltrataban. A veces no podes hablar porque estás hecha bolsa. Me decían cosas que yo no entendía entonces me quedaba toda la semana procesando esa emoción, elaborándola.

Me gustaría volver a conocer a alguien. Tengo miedo de meter la pata, si bien conozco las alarmas que hay que tener en cuenta, tengo miedo de no lograrlo. Hay chicas que vuelven a vivir lo mismo.

Shalom Bait es una organización de la sociedad civil creada en el año 2003 en el marco de la comunidad judía, con el compromiso de defender el derecho que todas las personas tenemos a vivir en un hogar sin violencia.

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