De “testigos” a víctimas: los hijos e hijas víctimas de violencia de género

De “testigos” a víctimas: los hijos e hijas víctimas de violencia de género

Si aún cuesta instalar ciertas ideas sobre las consecuencias de la violencia en las mujeres en sus vidas cotidianas, en su salud y en su rol como madres, existe aún más resistencia a la hora de comprender que las hijas e hijos de estas madres maltratadas no son, bajo ninguna circunstancia sólo “testigos” de la situación que viven en sus hogares, como suele interpretarse, sino víctimas. En muchas ocasiones en estos hogares lxs chicxs son también maltratados tanto física como psicológicamente por el padre violento. En muchas otras ocasiones no. ¿Esto significa que en esos casos no son víctimas? Es importante entender que vivir en un hogar donde existe violencia lxs convierte automáticamente en víctimas. ¿Por qué? Porque las consecuencias de esta situación en ellxs son muy similares a aquellas que padecen sus madres. Se encuentran en una situación de desigualdad y de asimetría de poder. Pierden su libertad, porque deben condicionar sus conductas por miedo a las “malas reacciones”, a los gritos, a los golpes, a los insultos. Se sienten culpables, piensan que lo que ocurre es por algo que ellxs hacen, y lo mantienen en secreto. Pocas veces comentan con sus amigxs o en la escuela lo que viven en sus hogares porque sienten vergüenza. La violencia afecta su salud, pueden tener problemas para dormir, de aprendizaje, dificultades para relacionarse con sus pares o con otrxs adultxs y baja autoestima.

La separación no garantiza el cese de la violencia. El hombre violento no estará más en el hogar, pero sus madres se encuentran debilitadas y con todas las secuelas de la violencia que padecieron. Afrontan el proceso de recuperación al mismo tiempo que llevan adelante los procesos judiciales que son desgastantes. Muchas veces son revictimizadas por las instituciones que carecen de perspectiva de género y que replican la violencia,  porque actúan bajo la ideología machista y patriarcal de la sociedad en la que vivimos. Los padres violentos manipulan y confunden a lxs chicxs, mostrándose equilibrados, enfatizando supuestas falencias maternas. Esta situación se refuerza y agrava con los persistentes y casi rutinarios intentos de las instituciones judiciales por revincular a lxs chicxs con estos padres que han sido violentos con sus madres y por lo tanto- es preciso insistir en la idea-  con sus hijxs. ¿Cómo abordar un proceso de recuperación con  hijas e hijos víctimas de violencia si son obligadxs a estar continuamente en contacto con un padre violento? Un hombre violento, que maltrata, insulta, humilla, degrada, amenaza y violenta físicamente a su pareja, a la madre de sus hijxs,  ¿puede ser un buen padre?

Hijas e hijos quedan huérfanos, todos los años, por la consecuencia más cruda y visible de la violencia de género, el femicidio. En el 2016 más de 400 chicxs se encontraron en esta situación. Desde el 2008 hasta nuestros días, la cifra  se eleva a 3158.

Es absolutamente necesario que entendamos esto, que asimilemos que las hijas e hijos de madres víctimas de violencia de género son también víctimas de esa misma violencia. Que aceptemos que es un problema grave que afecta a una enorme cantidad de chicxs, para que comencemos a mirar más de cerca a las niñas, niños y adolescentes que nos rodean. Que estemos atentxs a las señales, y que cada unx, desde su lugar, tenga siempre como objetivo protegerlxs.

Shalom Bait es una organización de la sociedad civil creada en el año 2003 en el marco de la comunidad judía, con el compromiso de defender el derecho que todas las personas tenemos a vivir en un hogar sin violencia.

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